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La Pluma, esa invocación inexplicable, ese estado de lucidez y gracia, que cruza la inspiración poética y la compulsión creativa, pero que a la vez, domina los recursos técnicos lingüísticos que logran informar y conmover, comunicar y embellecer, abstraer de su mundo al lector y crear universos. Cada tanto, a algunos seres agraciados se les hace propio este don, y les es dado concebir quijotes o gauchos matreros, visitas al infiero o mutaciones inexplicadas que la humanidad vuelve a evocar por siempre. Este poemario es un homenaje a esa sobrenaturalidad, y un intento por arrimársele.
La lengua castellana es a mi entender, junto a la música, el más vasto y generoso universo que ha dado la humanidad para crear belleza. De ese enamoramiento con la lengua castellana nace este poemario pretensioso y descarnadamente honesto. Hay en su interior un puñado de sonetos en la primera parte, que transitan entre la historia, las artes, el amor y el humor, la propia lengua, y otras obsesiones y pasiones fluctuantes. Le sigue en el mismo sentido, una segunda parte en décimas, resaltando un apego a la tradición y a la herencia española. No son décimas gauchas, son décimas castellanas del siglo XXI, abordadas desde un lenguaje poético más terrenal y cercano, y con temáticas también más cotidianas.
En el último tramo del libro, de Cuartetos, redondillas y aforismos, optamos por poemas breves, de cuatro versos con rima, que concluyen una idea. Creo que mis primeras aproximaciones a la poesía vinieron de la mano de unas agendas que traían frases y párrafos de poemas o de canciones clásicas, que se vendían en las ferias de verano a fines de los años ochenta y principios de los noventa. Ese apego nostálgico es, en parte, la razón de haber elegido los cuatro versos como canal expresivo. Por otra parte, uno de los poetas tácitos que subyacen en los versos de este libro, empezó uno de sus más reconocidos poemas con un cuarteto inolvidable e insuperable. “Si (como afirma el griego en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo”. Ese cuarteto terminó por convencerme de jugar el juego de los cuatro versos, que completan el último tramo del libro.